J'aime mon quartier, je ramasse

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Objetos perdidos, historias encontradas | Lost objects, found stories.

this project is under construction and in constant update | este proyecto está en proceso y se renueva constantemente



Nunca hasta ahora habías escuchado mencionarnos. Aunque es perfectamente verosímil, incluso muy probable, que podamos contarte entre las miles de personas que han sido testigos indirectos del resultado de nuestro trabajo. Quizás, podemos presumir, apenas lo hayas entrevisto y ni siquiera le hayas prestado suficiente atención —así de ingrata es nuestra labor; y de sujeto, el reconocimiento del talento que ponemos en juego, a los vaivenes del azar— como para emitir tu voto en alguna de esas encuestas que, con cierta periodicidad, realizan franquicias de multinacionales especializadas en la evaluación de empresas como la nuestra. Algo absurdo, lo sé. Al fin y al cabo, sólo uno entre un millar —o de cada diez mil, es imposible calcularlo con exactitud— se fija realmente en el resultado final de nuestras cavilaciones y, de entre todos ellos, sólo unos pocos habrán reaccionado como nuestros clientes esperan para considerar bien invertido el dinero que se nos paga. Todo es cuestión de porcentajes, de sutiles fluctuaciones en un índice que puedan ser atribuidas —en este negocio nada es estrictamente demostrable— a nuestra intervención, pues el público sobre el que podríamos ejercer alguna influencia es todavía ínfimo. Aunque lo cierto es que, por una vez, casi lo conseguimos, ante una multitud de espectadores, buyers y fotógrafos, todos aguardando a que dieras una palmada y las modelos comenzaran a deslizarse como sólo ellas saben. Poco importaba entonces, eran los 90, que el dinero de donde salía todo aquello, la ropa, el viaje a París, la costosa inscripción para desfilar en la misma pasarela —entonces no se llamaba “fashion week”— que Chanel, Comme des Garçons o Christian Lacroix, procediera de unos cuantos promotores inmobiliarios metidos a camellos o camellos metidos a promotores, que más da. Pasan unos años y nadie se acuerda del orden de las cosas. El público estaba allí, la prensa estaba allí… ¡Mira, toda esa gente, son franceses! Gente que leía Vogue Paris.

Germán Sierra