J'aime mon quartier, je ramasse

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Objetos perdidos, historias encontradas | Lost objects, found stories.

this project is under construction and in constant update | este proyecto está en proceso y se renueva constantemente


Comisuras forzadas. Color fruta. Cabello firme. Corazón en foto.

Creo que arrancó la fotografía de la credencial porque no me quería dar su teléfono. De todas maneras no hubiera podido llamarla. No supe su nombre; sólo me dejó cuatro letras por accidente, selladas en su imagen. Entonces yo era joven, tenía 24, y por primera vez en la vida pisaba un aeropuerto. No era lo que ahora. No había tanta atención al cliente ni señalamientos en cada pasillo, mucho menos en México. Cada quien andaba por su cuenta y como podía. Hoy mis hijos parecen manejarlo sin problemas: saben idiomas, viajan solos y sólo me buscan cuando se exceden con sus tarjetas.

Como canción: Conductores federales. Cantantes folklóricos. Coordinación fiscal. Cama y fondo.

La conocí como conoces a la gente bonita: por sus ojos brillantes. Estaba parado a la mitad de la sala, confundido, hasta que me tiró su mirada como una cuerda blanca al mar. Me dijo “muchacho” con un español de pasta, grueso, una melodía que se dejaba caer. Apenado, le mostré mi boleto: era enorme, tamaño familiar para un chico tan flaco, grande como entonces me parecía el viaje.

Creo que fue mi ansiedad o mi forma de mirarla. Me puso su fotografía en las manos, el croquis más inútil que me podía ofrecer.

Pasaron muchos años antes de que me animara a viajar de nuevo. Me sonsacaron mis hijos, que saben más del mundo por la computadora y la universidad. En el avión me acordé de aquella sonrisa caída. Su rastro era una combinación que no abría nada: S-N-C-F. Me había hundido tantas veces en enciclopedias, concepto tras concepto, buscando oficios con posibles Sindicatos Nacionales que me pudieran llevar a ella.

Durante el viaje mis hijos me revelaron el misterio. Era el tren. Apenas buscarla ahí, en el tren. En alguna estación olvidé la cartera, mis fotos, su foto, pero supongo la memoria es más difícil de perder. Toda una vida varado en la “c” de chica, y ella, sobre la “f” de ferrocarril, alejándose.