J'aime mon quartier, je ramasse

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Objetos perdidos, historias encontradas | Lost objects, found stories.

this project is under construction and in constant update | este proyecto está en proceso y se renueva constantemente


La canción era “Blue Bayou”. Sonaba aquella tarde que bajábamos al Sena y nos detuvimos en la explanada del Hôtel de Ville para besarnos. Doisneau, dijiste, me gustan los lugares comunes porque se vuelven irrepetibles gracias a tanta repetición. Reí. Me metiste la lengua en la boca. Había viento y nubes, olor a río, niños en bicicleta. No quiero tener hijos, dijiste. Lo sé, dije, yo tampoco. Pero mentía:me entusiasmaba la idea de preñarte con una hija que tuviera tus ojos y montara en bicicleta junto al Hôtel de Ville mientras nosotros nos besábamos para prolongar el cliché. Mathieu, dijiste al oír la canción que salía de unas bocinas en la explanada, otro lugar común que me gusta. ¿Quién es ese?, pregunté. Se nota que no eres francés, dijiste riendo, y me volviste a besar. Fuimos a una tienda de discos usados. Mathieu, dijiste, mostrándome un disco con un rostro que reconocí: una de las cantantes favoritas de mamá. Claro, dije, a mi madre la enloquece, hasta tiene una foto de ella con un saco rojo sangre. Toma, dijiste luego de pagar el disco, para que no olvides a Mathieu. Regresamos a tu casa, hicimos el amor, me despedí y fui a mi departamento a pasar la noche. Soñé con mamá: vestía un saco rojo y cantaba algo. Por la mañana recibí la llamada: mamá se había accidentado y se hallaba muy grave. Tomé el primer vuelo disponible a Rusia. Te llamé para avisarte. Aquí te espero, dijiste. Todo el viaje me acompañó la sensación de tu lengua en mi boca. Alcancé a ver a mamá en el hospital: estaba en coma pero pude tocarle la cara. Murió al día siguiente. Mi hermano y yo nos hicimos cargo de los trámites. Mi padre no apareció. Vender la casa de mamá implicó cinco meses. No tenías teléfono en tu departamento, así que yo te escribía al menos una vez a la semana. A veces respondías para decirme que me esperabas, y yo imaginaba tu lengua en mi boca. Finalmente pude volver a París. Te llevaba esta foto que rescaté de la casa de mamá. Para que no olvides a Mathieu, pensaba decirte al dártela. En cuanto dejé el equipaje salí a buscarte. Era un mediodía frío. Te vi de lejos: estabas en la explanada del Hôtel de Ville. Ibas abrazada a un hombre junto al que había dos niños en bicicleta. Lucías radiante. Eso, pensé, consiguen los lugares comunes como enamorarse de un hombre con hijos: iluminar ciertas verdades. Te dejo la foto de Mathieu. El autógrafo pretendía ser una broma: es falso. Como tu lengua en mi boca. Då svidaniya.

Mauricio Montiel Figueiras